Al parecer, al morder un pepino, como su sabor le pareció de miel, preguntó a la sirvienta que donde lo había comprado: al decirle ella que en el huerto, levantándose le ordenó que lo guiara y le mostrase el lugar:; y como la mujer se extrañara y preguntara que pretendía, contestó: “Debo encontrar la causa de su dulzura y la encontraré si examino el lugar.”
Siéntate entonces, contó la mujer riendo, pues yo sin darme cuenta puse el pepino en un tarro con miel. Pero él, como enojado, dijo: “Me hiciste polvo, pero no por ello dejaré de abordar el tema e indagaré su causa, como si la dulzura estuviera relacionada y emparentada con el pepino”.
Sería según Diels Kranz una parodia del método etiológico de Demócrito.
(En Plutarco, Charlas de sobremesa, 97)
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